lunes, abril 10, 2017

   Cielo, tu pelo lleno de olas que montan unas encima de otras, con el que te tapas los ojos de fiera que guardan soles a su vera y cambian de color al de los musgos de las primeras horas de los años.
   Que prefieres dormir con el susurro de la lluvia en todas las estaciones y, que te acune la mano del viento del cielo de viento de vista nublada.
   Que tu piel en invierno y verano brille igual que la constelación que sueño en cada página.
   Que no has nacido para atraer de forma especial a las personas y por eso, a oscuras te quedas sola.
   Que haces que tus sentimientos sean tan rítmicos como las costillas que tocan la canción de tu corazón, que desgarra su jaula para comerte a amores por las noches.
   Que haces de la vida un vals de tres. Tú, el amor y la confusión. 
   Realmente, eres los toques tímidos y constantes de una caja de música, que necesita drogarse para dejar de entender y empezar a dormir de una maldita vez.
   Vives entre cuatro paredes, donde dibujas mundos y te diriges sin rumbo a tu ninguna parte llena de subidas y bajadas, de tatuajes y canciones, fotografías y películas, comiendo con la mirada papeles olvidados entre tus faldas.
   No pararás hasta ponerle inteligencia a tu pasión y dejar la ilusión.
   ¿Qué fue ese beso tuyo en mi pecho? Fue un logro demasiado corto e interrumpido en un éxtasis que nunca acabó.
   Esta, es una guerra muy larga para una victoria tan fácil y una paz tan efímera. 
   Alargaré mis poesías con tinta de veneno de escorpión para juguetear un poco con tu vida.
   Fue tan fácil... Que se nos quedó poco el sexo y, sin darme cuenta solo escribiré en pasado y futuro, porque mi presente está tan ausente como el sentido común que nunca llegó a asentarse del todo en mi cerebro, como la cordura que coge sus maletas y se despide de mi corazón contigo de excusa.
   Sí, y es que mi cuerpo derrotado te pide guerra, pero ya sé que no te quedarás este verano.
   Marcha al frente león, y lucha o vive libre. Pero hazlo realidad. Ya sé que persigues a la presa que te come la tranquilidad.
   Y, también sí. Tengo la boca húmeda por esperarte, mis labios te anhelan junto con mis dientes para comerte enterito.
   Porque eres el mejor poema de postre. 
  

martes, febrero 21, 2017

   Me ahogo y no tengo ganas de llorar.
   Me pierdo. Entre letras y espacios en blanco tengo ganas de sangrar.
   Decisiones, decisiones. Esta rapidez va a acabar conmigo porque no sé nada y, no me lo puedo permitir.
   Qué son estas malditas mentiras que pintan con flores a las mentes vacías.
   Por qué esta voz resonante, hueca no para de vivir en lo más profundo de mi cráneo, que pronto romperá.
   Columpiaré mi cuello en esta espera de media hora, que terminará en cinco minutos. Y dejaré arrastrar por el suelo inestable mis manos amputadas por la pena de algunas cuerdas.
   Una vida en círculo que no cesa. Que termina y nunca se sabe si empieza. Pero se agota como las repeticiones de las horas de un reloj.
   Maldita sea.

lunes, enero 16, 2017

   Piso una huella, pero no marco mi camino. No sé ser el aire de un mundo, pero cuando lo toco se convierte en un efecto mariposa. 
   Encadenado. Siempre atrapado en la misma eternidad, viendo cómo cada día su creadora se convierte en un trabajo póstumo.
   No sé vestir a mis letras de otra forma, una por una. Más llenas de sentimientos, de mares, de volcanes, de ventiscas y tormentas, de errores de dirección, de llamadas perdidas y condones rotos, que yo misma.
   Nacen, mirándome en un adiós y termina con una caricia a mi cuaderno. Se formaron en una melodía de 3:32 efímera, con un eco que retumba en la arena, donde nunca duermo y siempre, siempre, siempre, siempre, siempre se enroscan a mi cuello. 
   Ahorcándome de locura por escuchar el asesinato de mis notas, de cortes que caen al vacío que no se olvida y no baja por la garganta.
   Claro que salto sobre el arrepentimiento, pero me retiene en un laberinto que ni siquiera entiendo. Creando ilusiones de lo que creo que he hecho, paseándose como un vecino, una madre.
   No se entiende, no lo entiendo.

lunes, diciembre 19, 2016

   Sigo llevando el día de tu cumpleaños en las bragas, recordando aquellos párrafos que te escribí en una cama soleada que te daba para hacerla tuya conmigo dentro.
   Sí. Despiértame sin besos, pero con un gran suspiro final al compás. 
   Con estas cosas haces que crezcan flores entre la soga cuando juego a ahorcarme a llantos, sobre todo, cuando intentas dibujarme la columna de abajo arriba, a mordiscos y besos.
   Cada vez que lo consigues no puedo moverme del gusto y ni uno más me completa año tras año.
   Espero un grito seguido de una suavidad violenta que se pierde y divaga para seguir volviendo.
   No te engañes, nunca he estado allí y ya me estás soñando en mentiras de colores.
   Mentiras de horas, de días, de piel, de besos, de miradas que hacen todo.
   Sí. Es verdad que tu cumpleaños lo tengo tatuado en mi tinta porque casualmente es mi número favorito y tú solo pasabas por allí en aquel momento.

martes, diciembre 13, 2016

   El suicidio paga por palabras sin sentido y monstruosamente incomprensibles. Dejando puntos en las sombras de algún árbol caído del arrepentimiento.
   El resto de lo que fuimos queda pegado a la suela de nuestros zapatos sin vida por camino. A ningún destino, llorando por viaje.
   Equivocándose a dos palabras por frase de cada piedra en la carretera con rumbo a la cama, para aprender a entender.
   Cada vez. Todo se vuelve tuyo y olvidas, sin fijarte en el odio radiante en cada pupila.
   Porque la palabra héroe solo es palabra, que la realidad solo miente.
   ¿En qué te has convertido Vida sino en un arsenal de interés?
   Todo lo que me separa del mundo es el dulce tachón a mis letras.

lunes, noviembre 21, 2016

   La suavidad de la pena viaja en carros de plata por los cráteres de la luna y las pieles que rozan el oro sin alas.
   Tan efímero es el momento cuando preguntamos dónde está, ya viaja por los rizos de alguna señora con tantas amarguras como las lágrimas de alguna doncella guarda-secretos, que utilizamos para las sogas calla-bocas.
   Escribimos con tantos errores como hablamos, manchando las hojas de tanta sangre y piel desprendida, cual carnicería marcada.
   ¿Por qué nunca encontramos un sentido entre los dedos encendidos de todas aquellas manos atronadoras que aclamas cabezas?
   Preguntas tan largas con traducciones complicadas y con un significado abismal.
   El miedo a no entender la poesía, aquel con el que crecí, se acuesta todos los días en mi cama a contemplar la hora mágica de la luz y la nuestra.
   Los puntos se expanden tanto que averiguamos qué trazo del pinto es el primero.
   ¿Qué ojos ven?
   Bocetos de vida.