miércoles, abril 18, 2018

   Hola, de nuevo, a mi temporal.
   Te he sentido todo este tiempo, nada discreto. Aunque, también te he seguido callada por todo el camino ruidoso hasta ahora, jugando a quién derrumbaba antes aquella montaña de arena.
   No sabíamos que los escombros se amontonan, no sabíamos que jugábamos sin final, apenas descansando. Pero aun siendo estúpidamente crueles, tenemos risa.
   Es cierto. Quiero derrumbarte hasta que no puedas más. Tenderle la mano a un terremoto de la escala de su mirada a la mía sin pestañear.
   Naufragarte. Romperte a olas sin tregua ni condena.
   Inundarte, porque cariño, admite que te hace falta.
   Sentirte sobre mi piel y no bajo mis pies, que tu altura ya me es suficiente desventaja para pilotar hacia mi destino tan certero, al igual que predecible.
   Es verdad que siento hacerte flor en mi pecho, pero en ti ya se veía venir a seis leguas bajo el mar.
   Todavía no he conseguido plantar bandera ganadora en tu castillo azul turquesa, pero es porque juego constantemente con las letras que me regalaste un día de invierno que no hacía frío, y puede que también sumergiéndome en los versos de tus canciones favoritas, para así, cuando llegue la victoria, hacernos un poquito más a nosotros entre tantas vibraciones contagiosas en noches en las que vemos una sola estrella.

lunes, marzo 12, 2018

   No hay momento que pueda atesorar porque se hace agua en mis manos al recordarte.
   Pienso en las imposibilidades que llevamos a la espalda, que se hacen a sí mismas permanentes, pero no siempre.
   Pero solo sintiendo el cariño de tus labios olvido el tiempo perdido que gasto maldiciéndolo.
   Tan dulce y fuerte, pierdo la concentración en un instante parpadeante, cayendo en un gran azul turquesa.
   Y memorizando letras descendientes que me hacen aire el corazón, tumbando ciudades y caminos.
   No hay tiempo que más me estremezca que el de no compartir tus pensamientos a salto de errores pausados por risas sinceras. 
   Sin heridas con principios ni intenciones.
   Ensordeciendo los pasos que se quedan en el camino.
   No me hace falta nada más que un segundo para reconocerte, otro para asimilar el dolor y otro para volver a quererte con dos palabras y un sentimiento sincero. 

jueves, marzo 08, 2018

8M

   Querida, tú que has aprendido a enamorarte de las salidas
de color en el límite de tus pinturas, dándote cuenta de 
que te sales de la raya al ser tú misma: quiérete. 

No hay levantamiento más hermoso que 
el de tu cabeza proclamando el valor de tu 
dignidad, después de tantas cicatrices marca-páginas
que duelen solo un segundo, comparadas con la lucha de toda
una vida gritando con el puño en alto.

No caminas silenciosa, sola ni con la incomodidad
en los zapatos, esperando a la soledad de una 
vela encendida.

Es verdad que no hay nada más gratificante que 
tu ruido, que tus pasos sin freno con rumbo
fijo y la belleza de tus pensamientos vivos.
Porque viva, llenas mis pulmones, mi mente, mi corazón 
y todo el sentimiento.

No hay furia que haga callar tu rugido, leona.
Fuerte, poderosa. Arrasa con todo.

Porque tu respuesta es mirar al mundo como una
cueva en la que nunca sobrarán luces en un
mañana.

Por el futuro, por nosotras.

miércoles, febrero 28, 2018

   En aquel bulevar recordé.
   Recordé sin la ayuda del fondo de una botella o la de un bosque de tela secando las lágrimas.
   Las piernas le temblaron dibujando los surcos de agua en el espejo.
   Ni una sonrisa. Solo una pregunta sin respuesta lanzada al aire.
   Dejándola llorar al ras del papel.
   Con la hora a los pies.
   Dejada atrás, sin voz y odiando el rumor.
   Se esconde en una sombra.
   Al lado, un árbol de lilas marca el mañana con las hojas caídas después de un diluvio inesperado.
   No hay peor cura que cortarse la garganta con un hilo de voz.
   Adiós al tiempo y lo que pensaba recuperado.
   No hay brisa más tenue que acune aquel sauce, dejándose peinar por los dedos de una guerrera.
   Y no hace nada más que repetir: "Eres golondrina con pata amarrada, que llueve porque lo dejen libre el día del amanecer".
   Y la tierra se traga sus palabras con la delicadeza del vuelo de una mariposa que se hace ser en un día. 

lunes, febrero 05, 2018

   Se abren las puertas en tus muñecas, que dejan entrar las agrias borrascas a tu baño con el compás de una música de cuerda pulsada.
   A este dulce plomo le llueve y es arrastrado por telas empapadas por lo años que cubren el polvo y la telarañas.
   Al ras de una vela, se acerca la noche para susurrar las mentiras del día y el corte de una sonrisa a la luz de la creciente luna. Sonrisa del cielo, que es su única expresión. 
   Y después de tanto abrir la puerta y desgastar el cerrojo, se esconde tras las madreselvas del sonido del rocío.
   Que este paseo, que se hace interminable, tiene un comienzo con un beso caído de una estrella ardiente con un final apoteósicamente inexplicable que se tragan los brazos de los árboles tan familiarmente centenarios, que tienen más vida que las historias de cama. 
   De este profundo azul, desde este puente realmente hay un final calmado.

sábado, enero 27, 2018

   Una despedida pasada por años y el recuerdo. Inundándose en suspiros de miradas profundas, sin una vuelta atrás.
   La dureza del puñetazo de una mentira a la que se le ven las verdades cayéndoseles por la falda. 
   Ni comas ni peros, tan absortos en la cama del silencio, que en esos momentos sí que es parar el tiempo. Buscando alguna salida en un sombrero de copa, perdiendo las prisas por caer ante el segundero.
   Pender de un hilo entre los tonos de azules y grises. Qué precipitado fue todo en aquella caída impulsada por alguna ilusión tan desgastada... 
   En qué lugar herido se perdió el cariño, siempre y malditamente interrumpido por horas vacías.
   No es un malgasto de lienzo, de partitura, de tinta, de mundo si se puede seguir continuando. 

miércoles, enero 17, 2018

   No intento atesorar el mundo en un pañuelo de mano, desgastado de todos los días, tejiendo de nuevo los ojillos que se hacen lluvia a ras del día. 
   Lo que haría por volver a besarte sin distancias, sin herirme con los minutos que pasan en volandas como los rayos del sol.
   Tampoco quiero sentir los gritos de despedidas alargadas por besos fugaces, porque al menos te debo una noche más de Navidad, después de todo este temporal confuso. Aunque me dejaría perder en tus labios, sujetándome a tus brazos en un sueño planeado de largos días, interpretando meses. 
   Floreciéndote, me perdería en tu primavera permanente. En esa sonrisa construida sin esfuerzo, deslizándome en tus rizos.
   A pasos de gigante, poquito a poquito.