domingo, agosto 13, 2017

   Manchas mis sábanas con tu  presencia y mi almohada con tus intenciones, que van de cero a cien sin calarse. Ni un solo error.
   Solo curvas cerradas a esta velocidad y, para hurgar en la noche, ninguna disculpa.
   Especie en extinción, en qué hora decidí dejarte vivir. Deja de reírte de mí y mira por dónde vas, que atraviesas abismos sin respuestas, ni salidas.
   Eres la mano en las bragas de otra, difuminándote entre las  nubes de mármol y una ventisca improvisada a estas edades, gritando injurias sin sentido.
   Y sin la energía suficiente, vengas de esta manera a una disputa sin fin.

viernes, agosto 11, 2017

   Si por mí fuera me desnudaría en la nieve y me acostaría con ella esta noche, la primera y la única que merecería la pena sin drogas duras que guardo bajo los ladrillos del colchón.
   Si por mí fuera...
   Si por mí fuera me cortaba la garganta para saber qué elecciones tomaré en el futuro. Si tengo que dejar florecer o huir de mi apartamento en llamas.
   Porque no sé quién soy ni qué soy.
   Porque no tengo más oportunidades en este aire que corre sin horarios por cada estación sin vías.
   Si por mí fuera dejaría romper mis pantalones en cada espina que atraviesa mi corazón, sin cariño, desvergonzado, que sabe que se lo merece.
   Si por mí fuera dejaría que mi vida durase una canción, pero tengo miedo a que termine para que vuelva a empezar, que la pausa es el salvavidas más triste de la inundación de mis ojos. 
   Sí, si por mí fuera rellenaría los huesos de mi boca, pero los tengo tan escritos y silenciados que, simplemente, busco un sueño entre tanta pesadilla para dejar de desear algo incomprensible.
   Algo tan ideal que no puede ser verdad.
   Estos neones no alumbran nuestras caras, tan perdidas como nuestros sentimientos en el fondo de una copa.
   Y es verdad que ya no podemos entender la poesía escrita a años en aquel baño alejado de la realidad, como nuestros ojos, que ya no pueden trepar por los versos.
   Los entrelazamos erróneamente como la ambición, que crece en este sofoco danzante de gotas amarillas, las que limpian nuestra comisura.
   Aquí no existe el frío ni el silencio y, la calma nunca se concibió.
   Escóndete en las sombras para ver ilusiones. 
   Pierde la fuerza y deja de entender.

jueves, agosto 10, 2017

   Aún sigo siendo kamikaze estrellándome directamente contra el rechazo de tu mirada. 
   Y las piernas me arden por permanecer años luz a distancia de tu pensamiento.
   Pero tu lejanía, a parte de dolorosa, es tan sanadora como los viejos remedios olvidados, que llevan tu nombre renegado.
   Esta costumbre se ha convertido en una cínica y orgullosa, mejor de lo que tu sabor fue.
   Que no se arrepiente de dejar marca y bailar sobre ella para recordarse y, continuamente, recrearse.
   No repite y permite, alargando los sonidos y no obviándolos, porque el aire respira y siente el abrazo del anochecer. Se deja agujerear por el reloj y no siembra rencor, agradeciéndose avanzar.

domingo, agosto 06, 2017

   Bella marea que parte mi alma en pedazos estrellados por este oscuro horizonte rocoso. 
   Se olvida de la piel que un día respiró y sopla a la última luz despierta en aquella noche galopante.
   Recuerda años mejores, canciones llenas de sentimientos y movimientos.
   Por un alcohol que no cura y desobedece el orden de sus tormentos, por un poema dedicado a cada letra de la ruleta del destino, y tatuárselo a la lluvia en la sonrisa.
   Al calor dejadlo fuera con sus celos en el bar de la esquina.
  Querido, muérete al filo de una espada mellada, hablándote hasta el último momento entre vientos. 
   Por un ataúd que no tenga que ser ocupado con el anhelo de una ida o una vuelta.

sábado, agosto 05, 2017

   Aquellas horas parecieron mundos paralelos.
   Demasiados chupitos y copas bailando entre las venas, y yo, bailando en tu entrepierna.
   Que me vuelve más fiera que mujer de letras. 
   Y qué decirte de aquel instante en tu cama. Que fuiste un domingo pasajero en mi piel, que te desahogas como nuestros sábados y me diste qué pensar el lunes.
   Aquella mano resbaladiza por el hueco frío de mi corazón se divierte cuando te ve surcando el asfalto  tomando esas curvas tan cerradas, mirando a la entrada de mi sujetador.
   Juega conmigo en alguna montaña a escondernos entre gemidos para no aparecer como estrellas en un cielo nocturno, lleno de bestias que nos llamen en el momento de empezar o antes de acabar.
   Puede que llegue un día y desaparezcas.
   Puede que te vayas, dejándome petrificada, y con un rastro efímero de cenizas a tu salida, haciendo tuya la tierra y sus vibraciones o, puede que te vayas con el suave aire de una mañana desconocida a través de una mentira que se tatúa la vida, ingenua, a un paso de la eternidad.
   Puede que te haya malvivido de una forma absurda hasta ahora.
   Ya no seré capaz de oler tu recuerdo, ni morderte los besos.
   Ni me dejaré la piel en tu boca, ni partirme la espalda en tu cama para florecer entre tus dientes.
   No podré aprenderte, ni marcar a cursiva tu ropa para vencerla en el asiento trasero de tu coche.