miércoles, mayo 30, 2018

   Creía en un lugar que estuviera de tu parte, escondido del canto de cada mañana.
   Pero el tintineo de un par de alas hizo resonar el futuro en un momento etéreo.
   Te lanzaste al cabello del Sol. Y miraste a la duda del camino andado.
   No, no estabas equivocado al darle el arma a la melancolía. Por sí misma solo perdía la mirada del tiempo en el seno de la montaña.
   No será nunca más el jamás que arrastrabas por tus labios, azotándolo con vergüenza. Jugando con las palabras. 
   Anhelaba la compañía de tu mano que le robaba el ritmo a los mares. Pero el tiempo ha dejado obsoleto a este cuerpo que un día fue el fruto de una mentira reluciente.
   Al son de la brisa te habría llorado si hubiera vencido contra el sino de forma digna. En su lugar, me hizo cosmos y perdí inmóvil ante el aliento de las rocas.
   Y siglos después, no regresé a tu marcha y volví en mí misma. A los pies de mi arrodillamiento sentí mi pérdida y continué. 
   
   

domingo, mayo 27, 2018

   Espero continuamente a que las luces toquen el cielo de alguna forma que no hiera a las bestias que bailan a las sombras del fuego. 
   Ellos sí que devoran ascuas donde llegan las estrellas.
   Ni las cenizas pueden volar a la velocidad del calor de sus ojos. Nunca paran. Tienen demasiado por lo que luchar, pero pierden flores a su paso. Se quedan sin raíces.
   A las orillas de los truenos pierden sus voces.
   No les queda verdad. Solo los cortes que rellenar con la arena de la luna de plata, que tiñe de verdadera luz las entrañas del bosque, que desata a sus queridas bestias. Qué no sería sin ellas.
   Ahora que las cicatrices de sus iris han quedado descubiertas, quedan nombradas como territorio anticonquista.
   Ahora, ahora que solo acaban de firmar una tregua con la tierra bajo sus pies solo guardan silencio. 

domingo, mayo 06, 2018

   Dale más tiempo a tu reloj encerrado en sus horas muertas del pasado.
   No quieras pasar página a tu libro tan bien dibujado y escrito hasta olvidarlo. 
   Estás a dos hojas caídas, a cuatro letras, a seis kilómetros de paso.
   Aprendo a perderte los mares.
   Perdida y agrietada mira desde la Alhambra, leyendo el instrumental sucio y rudo de un enamorado de su propio verso.
   Consolando a la pierna desprendida de un trozo de plomo, al árbol de su ahorcado arrancando las flores de sus pies para respirarlas hasta los pulmones. Cegando la fantasía de una arrastrada, desgraciada realidad alada.
   Bella bruma de una voz rota a luces del alba, caída de las camas de los espejos de la cúpula del cielo.
   Octubres bajo brazos izquierdos deshilachados.
   Besos sin fondo.
   Dioses inventados.
   Luchando a dentelladas de cada paso por el sentido de antiguos mitos sin talento.

miércoles, abril 18, 2018

   Hola, de nuevo, a mi temporal.
   Te he sentido todo este tiempo, nada discreto. Aunque, también te he seguido callada por todo el camino ruidoso hasta ahora, jugando a quién derrumbaba antes aquella montaña de arena.
   No sabíamos que los escombros se amontonan, no sabíamos que jugábamos sin final, apenas descansando. Pero aun siendo estúpidamente crueles, tenemos risa.
   Es cierto. Quiero derrumbarte hasta que no puedas más. Tenderle la mano a un terremoto de la escala de su mirada a la mía sin pestañear.
   Naufragarte. Romperte a olas sin tregua ni condena.
   Inundarte, porque cariño, admite que te hace falta.
   Sentirte sobre mi piel y no bajo mis pies, que tu altura ya me es suficiente desventaja para pilotar hacia mi destino tan certero, al igual que predecible.
   Es verdad que siento hacerte flor en mi pecho, pero en ti ya se veía venir a seis leguas bajo el mar.
   Todavía no he conseguido plantar bandera ganadora en tu castillo azul turquesa, pero es porque juego constantemente con las letras que me regalaste un día de invierno que no hacía frío, y puede que también sumergiéndome en los versos de tus canciones favoritas, para así, cuando llegue la victoria, hacernos un poquito más a nosotros entre tantas vibraciones contagiosas en noches en las que vemos una sola estrella.

lunes, marzo 12, 2018

   No hay momento que pueda atesorar porque se hace agua en mis manos al recordarte.
   Pienso en las imposibilidades que llevamos a la espalda, que se hacen a sí mismas permanentes, pero no siempre.
   Pero solo sintiendo el cariño de tus labios olvido el tiempo perdido que gasto maldiciéndolo.
   Tan dulce y fuerte, pierdo la concentración en un instante parpadeante, cayendo en un gran azul turquesa.
   Y memorizando letras descendientes que me hacen aire el corazón, tumbando ciudades y caminos.
   No hay tiempo que más me estremezca que el de no compartir tus pensamientos a salto de errores pausados por risas sinceras. 
   Sin heridas con principios ni intenciones.
   Ensordeciendo los pasos que se quedan en el camino.
   No me hace falta nada más que un segundo para reconocerte, otro para asimilar el dolor y otro para volver a quererte con dos palabras y un sentimiento sincero. 

jueves, marzo 08, 2018

8M

   Querida, tú que has aprendido a enamorarte de las salidas
de color en el límite de tus pinturas, dándote cuenta de 
que te sales de la raya al ser tú misma: quiérete. 

No hay levantamiento más hermoso que 
el de tu cabeza proclamando el valor de tu 
dignidad, después de tantas cicatrices marca-páginas
que duelen solo un segundo, comparadas con la lucha de toda
una vida gritando con el puño en alto.

No caminas silenciosa, sola ni con la incomodidad
en los zapatos, esperando a la soledad de una 
vela encendida.

Es verdad que no hay nada más gratificante que 
tu ruido, que tus pasos sin freno con rumbo
fijo y la belleza de tus pensamientos vivos.
Porque viva, llenas mis pulmones, mi mente, mi corazón 
y todo el sentimiento.

No hay furia que haga callar tu rugido, leona.
Fuerte, poderosa. Arrasa con todo.

Porque tu respuesta es mirar al mundo como una
cueva en la que nunca sobrarán luces en un
mañana.

Por el futuro, por nosotras.

miércoles, febrero 28, 2018

   En aquel bulevar recordé.
   Recordé sin la ayuda del fondo de una botella o la de un bosque de tela secando las lágrimas.
   Las piernas le temblaron dibujando los surcos de agua en el espejo.
   Ni una sonrisa. Solo una pregunta sin respuesta lanzada al aire.
   Dejándola llorar al ras del papel.
   Con la hora a los pies.
   Dejada atrás, sin voz y odiando el rumor.
   Se esconde en una sombra.
   Al lado, un árbol de lilas marca el mañana con las hojas caídas después de un diluvio inesperado.
   No hay peor cura que cortarse la garganta con un hilo de voz.
   Adiós al tiempo y lo que pensaba recuperado.
   No hay brisa más tenue que acune aquel sauce, dejándose peinar por los dedos de una guerrera.
   Y no hace nada más que repetir: "Eres golondrina con pata amarrada, que llueve porque lo dejen libre el día del amanecer".
   Y la tierra se traga sus palabras con la delicadeza del vuelo de una mariposa que se hace ser en un día.