domingo, enero 14, 2018

   No puedo dejar el cuaderno abierto. Puede que estas palabras que ha traído el viento, del latido de mi corazón, corran y escapen de mí. Y me hagan la Nada. Vacía. No ser. 
   No. No podré atesorar las penas en mis alegrías y coleccionarlas, orgullosa en trozos de vida. No. No. No.
   No puedo sentir ese papel por los cayos de mis dedos, intentando ganarle la carrera a las lágrimas, al orgasmo.
   El camino que torpemente comienzo desde cualquier parte a mi cama con dudosas compañías. 
   Qué secretos guardaré ahora que la tinta ha agotado mis ojos, qué oxígeno me curará las heridas y qué sal me hará gritar.
   Solo hay blanco que rellenar y seguiré esperando al mundo.
   No hay más que rabia creadora que arde en mis arterias, en mis pulmones, en mis días futuros y sin ningún descanso de luz.
   Esta confusión me hace vivir y no puedo remediar mis impulsos asesinos.
   No puedo evitar cada verso, estrofa y confesión.

   Las huellas incendiadas en la nieve no conducen a casa.
   No vacilan en seguir adelante, tambaleándose en un camino azabachado, rompiendo el tiempo, y algún que otro sonido hibernado de un tiempo pasado. 
   Los huesos se esfuman en el segundero, atrapados en una caja de cristal, sujetada por manos ensangrentadas que tocan paredes de una oscura alcantarilla, abierta como las bocas de los depredadores, queriendo entrar.
   Sin duda.
   Y las ascuas se acunan en el juego de vida o muerte entre la luna y el sol, apagando la nieve en su plenitud, demasiado pura. Fundiendo la tierra siendo caprichosa y osada, a trote desnudo entre montañas. 

sábado, diciembre 30, 2017

   Recuérdalo. La primera vez que fui a ese piso, agujero morado de la vejez de una arquitectura con aires de grandeza.
   Seguí el camino marcado por unas huellas tan felinas, que ni el ruido de las paredes hizo que me desviara. 
   Quitar las capas al mundo: eso es lo que hicimos.
   Rozando piel con piel y cayendo por terraplenes de clavículas, perdiendo besos en los bosques de vello erizado, sin miedo a ser quemado.
   La niebla que arrasaba con el terreno, empañando los susurros y todas las sierras, que se movían con la voluntad de una oruga convirtiéndose en mariposa. 
   Desnudos. Esperando. Mirándonos. Entendiéndonos. Queriendo.
   Una ligera confusión en un día claro de invierno. Llenos de letras de otros idiomas que surcan nuestros dedos hasta el alma.
   Un pequeño desenfoque en un gran plano oscuro, que en el final decide abrir los ojos y ver el querer del cielo que se derrumba en su boca.

lunes, noviembre 13, 2017

   He visto cómo el rincón se adueñaba del alma y se hacía más grande. 
   Las lágrimas creaban sus riberas por mejillas reventadas y se adueñaban de cada surco de piel, abriéndose paso para mezclarse con el dolor imperante, conquistando el cuerpo perdido en una losa blanca.
   Se deja dibujar lo que será para dejar de ser.
   Y no hay forma de que la tierra realmente se la trague si no hay nada más que exhalaciones. 
   Se dice pobre alma rota, y contra el acantilado del faro se deshace en la sal de las rocas, formando por fin la fuerza de cada ola, siendo de vez en cuando un arcoiris de tiempo limitado. 
   Burdeos se desliza por las paredes, cubiertas de flores y plantas secas de un extraño verde asesino y sensible. Se deja de "pensar por" y comienza el "sentir gracias a". 
   Una suave voz se abre entre las cortinas negras manchadas de una luz brillante que no se va.
   Te dejas morir demasiadas veces en la bañera con la punta de un cañón en cada ojo. 
   Ese verde asesino resbala por tu garganta demasiado deprisa como para no quedarse dormida entre toda esa ropa mojada. 
   Tanta música abierta y tantos libros sonando...
   No te concentras en la plata que toma tu piel a mentiras, ocultando el alma. 
   Y en los armarios llaman los fantasmas del presente, con los años arrastrando.
   Y que el humo de ese cigarro mal fumado se adueña del ambiente de encanto de tristeza, pintando con suspiros.

domingo, octubre 08, 2017

   Y como por el cielo, mordisqueado por ratones, deja escapar suspiros como lo hacen los dioses de las constelaciones.
   Se deja bailar por otra época, enmascarado por la alegría, la música y las fantasías de una noche a sentimiento abierto, por el que cruza el camino con pasos felinos.
   Pero también se arrastra por enredaderas profundas, que trepan cielos transparentes. Aunque siempre tiene oportunidad de dejarse volar con el viento temporada.
   Acunado en un lecho de sábanas negras espera a su luna, esta noche sin ser escasa. Desnuda y brillante, la acompaña su séquito de brisas de ladrones y asesinos de épocas pasadas.
   Lleva todo el sentimiento en los huesos, quemándoselos, hasta que no queda ni aire, murmurando algún extraño  pensamiento en una lengua ex-terrenal.
   Solo mira el pasillo blanco que le abre hacia una puerta siempre cerrada, que no sabe si traspasar. Pero el "no" es una palabra que le pesa la vida.

martes, agosto 22, 2017

Irse por los huesos

   Deshazte en risas o en un saco de huesos, lo que tú prefieras.
   No hay forma de sacarte un Mr. Darcy, pero sí un Heathcliff, de una bolsa rota de suerte.
   Con esos zapatos gastados no podremos bailar el chirriante vals del 92. 
   Sigues respirando, con mis lirios llorando a tu lado porque decides calcinarte en tu propio cuerpo.
   En tu esqueleto no florece el alma que se escapa por tu ombligo.
   Tu tatuaje de rosa se desvanece junto a tus músculos, y en tus pómulos solo crecen lágrimas de gotero.
   Te hundes en una cama de muchos y, tendrás el color de las sábanas.
   Forzamos sonrisas sin energía y significado.
   Todo por tenerte ahí tumbado comiendo aire.
   Ven. y siente el frío del puente conmigo, el sudor del arte, el calor del té en una cita a regañadientes, la molestia de salir desmarcado del cuadro de enfoque.
   Créeme y come.