viernes, septiembre 23, 2016

   Por todos estos años vividos en la espalda, cada uno en su mundo abriéndose con una canción en rima para recordarte mejor.
   Y mira que me prometí no volver a hablar de ti y del amor tan extraño que creabas alrededor de mis mejillas o de los susurros proclamados al frío en una noche de festival.
   Porque es verdad que me desafinas la vida con tus palabras con una melodía graciosa que invade mi cuerpo para querer tocarte.
   Pero qué sé yo.
   Qué sé yo de cada paso que das. De la realidad de las ideas de tu cabeza. Qué sé yo de este aire que besas con cada palabra.
   Prefiero no saber nada y caminar a ciegas para luego caer en mi lecho de rosas que tanto llevaba sin visitar desde la última vez que pronuncié O.S.A.R.
   Qué maravilloso desastre me causo siempre enamorándome de sentimientos de otros corazones con pies de liebre corriendo por mi poesía, causándome la mala letra intentando atrapar el tiempo.
   Porque a cada compás me pierdo entre la tinta, muriendo con otra idea nueva y sintiendo que termina.
   Termina mundo. Mundo termina. No mundo. Mundo no.
   Siempre decía que no volvería atrás, pero puede que me arrepienta de eso en esta vida, única-mente.
   Porque se me olvida lo que siento cuando me oculto entre desvarios que duran planetas, rápidos como piedras, que pesan luz. Que son terremotos.
   Me duelen las uñas de raspar el suelo de mi corazón buscando una salida a algún sitio del que tenga que volver a salir. Porque mis letras de amor siempre terminan siendo acantilados a un mar de todo.

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