miércoles, abril 06, 2016

   Los quince minutos en los que se tarda en perderlo todo, hasta el propio ser que dura una vida. Dura sueños, dura el día y mil noches. Dura el roce, miradas, conversaciones. Dura echar el pestillo a la puerta, bajarte los pantalones. 
   Esos quince minutos en los que has nacido, has crecido y has muerto, ¿con cuántos años? Y mueres cada vez que te acuerdas, y no quieres que pase y pasa cada noche. 
   Las palabras no importan porque, ¿qué son las palabras si no las oímos? ¿Qué son los actos si no los vemos?
   Sientes la vida como una pared roja de ladrillo y cuando la tocas con la mano hay pequeñas erosiones que comparas con la piel de tu vida: llena de surcos, de manchas, de tiempo, de asco...
   Envidias la de los demás que son dos toques suaves y efímeros de un piano.
   Cuando por la boca se expulsa el humo del alma y se va, ya notas lo que verdaderamente es la soledad.

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