viernes, febrero 05, 2016

   Podía ver cómo el humo, como el polvo que volaba cuando se sellaba una tumba, salía de sus manos cuando acariciaba las teclas de su clavecín.
   Que me enamoraba con cada una de las perlas de su collar.
   Ella misma, era el oro desgastado del broche que llevaba siempre en la camisa.
   Era las suaves teclas, el color negro de estas, que rodeaba a las blancas, la oscuridad que las velas mata.
   Es tan escasa que quiero bebérmela para tenerla siempre conmigo porque, aunque, hay veces que arrojamos el amor por más veces que se quiera, me es imposible vivir sin él, aunque no sea humano, sigo perteneciendo a este mundo, en el que sigo caminando.
   Porque ella es la niebla con la que viajo, las estrellas que me guían a matar.
   La necesito.

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