domingo, noviembre 22, 2015

Las palabras se desintegran como las estrellas, que se consumen.
Los sonidos se rompen y las personas se vacían.
Los susurros se van quedando atrás y los colores se destruyen al unirse. 
No se puede llamar Danza Macabra a una obra en la que se toca el xilófono.
Las flautas se mueren como las mariposas que caen de la primavera. 
Se realiza un nuevo corte en los corazones en bandejas frías con cada nota de violín, dejándolos como carne para la tierra. 
Con un nuevo nombre, el alma que se reencarna se vuelve más débil a merced del destino. 
Dónde se han quedado los sentimientos lógicos.

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