martes, noviembre 15, 2016

   Si vamos a ser felices que sea en la oscuridad en la que nací aquel febrero con nota cursiva, 
con un cerebro tan grande como para ocultar la pena y tomemos café de humo en octubre.
   No confesemos que aquellos espacios sin escribir nos persiguen el corazón en nuestra propia lengua, con dudas de si huir al campo de invierno o a la ciudad floreciendo luces en su sentido tan ampliamente desnudo de hormigón.
   Sí, disfrutemos de la confusión y la incertidumbre en la que corremos por laberintos a oscuras. Volaremos en un ritmo de cinco pulsos al corazón. Ya, Por favor,
   A escribir en hojas de pintura no sabemos si es seguir con el arte oliendo a obra nueva.
   Tan moderno que me quede atrás junto con el blanco y negro.
   Puede que seamos mundos enfrascados en otros mundos como muñecos de algún dios a punto de cumplir sus infinitos.
   Puede que estemos dentro de esos infinitos.
   Puede que seamos la galaxia que le canta su vida a su dueño o que viajemos al fin dentro del fin con sorpresas como la de que se nos rompa la punta del lápiz en mina de diamantes. 

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